Nos estamos recién cambiando de casa (de esos procesos que no duran un día, sino 6 ó 7 semanas) y todo nos ha salido relativamente fácil (lento, pero fácil).
El miércoles pasado iba caminando por Providencia y me topé con unos cuadros en exposición sobre la vereda. El artista, un joven ecuatoriano, los ofrecía por 5 mil pesos y cuatro de ellos armaban una composición que, pensé, se vería muy bien en una de las paredes de living de nuestro nuevo departamento.
Cuando llegué y quise colgar los cuadros me topé con el problema de los clavos. Los que teníamos eran muy pequeños para sostener el peso de los cuadros, que están pintados directamente sobre un trozo de madera. Y, además, la muralla donde los quisimos colgar era un tabique súper delgado.
Finalmente, nos terminamos cambiando de muralla, una que sin ser de concreto (nuestros clavos no habrían entrado ahí) es más firme y nos permitió poner unos clavos más grandes que, lógicamente, tuvimos que salir a comprar.












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